19/2/17

La pócima del Carnaval

Durante unos días todas las penas, alegrías y rutinas del año se verán concentradas en una dosis de colorido y diversión, que resulta ser la medicina más poderosa con la que cuenta La Bañeza. Una droga inmaterial, que cura de manera infalible la espera anual por explotar de ganas de ser uno mismo y encarar con entusiasmo la llegada de la primavera. Un remedio al que La Bañeza y Comarca son adictas. Una adicción al Carnaval.
Y es con esta pócima carnavalera, con la que contamos como antídoto a la tan contagiosa enfermedad que nos trata de invadir durante los últimos años que algunos llaman crisis.
Encaremos todos de la mano de don Carnal, a ese virus, arrinconándolo y no dándole tregua, para que sepa -el muy cobarde- que con nosotros no puede; que si somos capaces de reírnos de nosotros mismos, que imagine como nos podemos mofar de los que tratan de arrancarnos nuestras ganas de ser felices y de disfrute. Que no venga al paraíso de la diversión a aguarnos la fiesta, y que no nos hable de Democracia, cuando es en el Carnaval de La Bañeza donde verdaderamente se aplica el Poder del Pueblo, el desorden organizado que siempre sale perfecto.
Un acto del pueblo, para el pueblo, que no necesita de dineros, ni de premios, ni de concursos, ni de certámenes, ni de nada. Sólo necesita de nosotros mismos. Me río yo de esos pobrines que todo lo alzan a golpe de talonario para pasarlo bien y organizarse. Y me quito el sombrero ante todas las generaciones unidas por este Antruejo, que saben hacer volar su imaginación para hacer de tripas, corazón. Y de crisis, Carnaval.
Sigamos con todas esas iniciativas que saben cómo combatir la dolencia del pesimismo, manteniendo el principio activo del cachondeo y del arte del teatro, que ve en nuestras carnestolendas su raíz más básica.
Salgamos a la calle y seamos una vez más nosotros, como unidad y conjunto. Y recordemos, que si somos capaces de hacer brillar esta vega durante varios días, somos capaces de hacerla resplandecer durante toda una eternidad.
Texto escrito en Febrero de 2013 para el programa de mano del Carnaval de La Bañeza.

16/2/17

La Bañeza: el salero del Carnaval

Cualquier desconocido que analice a las gentes bañezanas casi en cualquier época del año, verá en ellas personas serias, bonachonas y amigables. Y aquí radica la gran baza que tiene La Bañeza para desmarcarse en su Carnaval: el despiste.

Nadie se espera un gran cambio de personalidad de ningún vecino, y menos de la noche a la mañana, pero en la cabecera de las vegas bañezanas, todo es posible. Cuando crees que estás hablando con un conocido y él te dice que no, que es Mari Carmen con sus muñecos, te desorientas un poco. Continúas tu trayecto y saludas a la maestra de tus hijos, pero ella te ordena en plena calle que no le pises lo ‘fregao’, entonces piensas si perdiste un tornillo o fue ella quien lo extravió. Pero cuando ya ves a dos presentadores en un escenario, con los premios de cine ‘Yoya’ repartiendo sopapos, a don Quijote y Sancho buscando molinos, y a John Lennon con Yoko Ono tocando ‘Imagine’, te darás cuenta, por mucho que te pellizques, que no estás en un sueño.

Aunque parezca una canción de Sabina, en La Bañeza verás dependientas tímidas sacando su cara más extrovertida, elegantes comerciantes con tacones de aguja y albañiles jubilados con harapos de troglodita y huesos en sus cabezas. Es el arte de hacer reír con los detallines que a diario quedan en nuestra mente. Cualquier momento, charla y juego de palabras es válido para sacar punta al mejor de los disfraces.

Pero no todo va en el disfraz. Ironía, sarcasmo y gracia se dan cita junto con don Carnal entre el Páramo, la Ribera del Órbigo, la Valduerna y las tierras del Jamuz. Con las influencias llegadas por las idas y venidas a través de la Vía de la Plata, La Bañeza lleva con orgullo el desparpajo de sus gentes, que no paran de pensar, imaginar y crear las más ingeniosas interpretaciones para sus personajes.

Y es que, en época de Antruejo las calles bañezanas se convierten en el escenario del mejor de los teatros: carnavaleros convertidos en actores que entran y salen de comercios y tabernas a modo de bambalinas, un público impaciente con ganas de soltar la mayor carcajada, madres y abuelas expertas en diseño de vestuario y maquillaje, y un director de escena llamado improvisación.

Difícil de explicar las características y el embrujo de un Carnaval que se escribe con mayúscula en el noroeste de la península, que se siente desde que se nace, que evoca a los adultos a esas etapas infantiles de rebuscar telares, cortar patrones, y embadurnarse de purpurina, mientras los mayores cuentan en un hogareño filandón, como «corrían» el Carnaval en un tiempo otrora.

Es curioso que en la tierra del azúcar, los bañezanos sean los que más salero le ponen. Al Carnaval.

Texto escrito el 9 de Febrero de 2017 para el suplemento Destinos de Diario de León.

El Cielo


Corría el año 1929, cuando el famoso «crack» estadounidense. Félix Ramos Peñín, ante un cruce de caminos pedregosos y de tierra rojiza, tuvo que decidirse por uno. Eligió el del comercio, la venta ambulante por los pueblos que siembran los tres ríos de una comarca rica en todo. Un carro traccionado por un macho y las ganas de un rapaz de 15 años fue todo lo que tuvo para aventurarse por nuestra querida tierrina.

Fueron años duros, años que forjan el carácter. Años de la universidad más valiosa: la experiencia. El trato con los paisanos leoneses, que aprendieron todo de tropezar una y otra vez hasta dar con la fórmula, hace que a los 15 años, cualquier mozo aprenda para poder ganar el jornal. No queda otra. 

Pesetas que había que gestionar lo mejor posible, y tanto es así que Félix, prefirió muchas veces dormir al raso, para ahorrar esa perrona. Algunos pensaréis que lo hizo por austero. Puede ser. Lo que es cierto, que también se ahorró el dinero que podría cobrar hoy en día un publicista por crear el mejor nombre para su comercio: EL CIELO. ¡Qué gran nombre! Y todo de la imaginación, del frío y las «pelonas» que caían encima del carro… El Cielo.

Años y años pateando los pueblos, recorriendo caminos milenarios, piedras desgastadas por las pezuñas del ganado, bajo el sol que salía por el Páramo y se ponía por Marti Tilenus, hicieron decidir a Félix de nuevo: establecerse en 1941 en La Bañeza, la ciudad mercado, y que mejor lugar que en la misma Plaza Mayor. Primero con la ayuda de alguno de sus hermanos, después sólo y más tarde con Pepina, su mujer.

Ella, Josefa Rosa Pérez Ugidos, ya conocía bien el comercio desde los 8 añines, primero con la señora Santa, subida a una caja de madera para poder atender detrás del mostrador, más tarde con otro negocio mítico de nuestra ciudad: Villasol, e incluso como vendedora ambulante por la Vía de la Plata entre las vecinas ciudades de Astorga y Benavente, viendo las miserias de la Guerra.

Del matrimonio nacieron dos hijas, Josefina y María Teresa. Fue la primera de ellas la que continuó el negocio de su padre, enseñando a Nicolás los entresijos de la compra y venta. 

Entre las ideas de uno y otro, siempre apoyados por los emprendedores del comercio El Cielo, fueron
mejorando, añadiendo nuevos productos, como sombreros de paja, alpargatas y lo que demandaban los clientes. Así fue creciendo la familia de El Cielo, con un trato amable y cercano a sus clientes.

Setenta y cinco años después del primer emplazamiento físico en vega bañezana, y ochenta y siete años después de que Félix decidiera dejar el campo para aventurarse en el comercio, El Cielo,… El Cielín, continúa al pie del cañón, en una esquina a la que da nombre «donde El Cielo», donde podemos encontrar a la cuarta generación de esta familia, con Josechu, Nicolás, Félix, Raquel y Marián además de Ludi, con una sonrisa en la cara dispuestos a encontrar la mejor solución para nuestras necesidades.

Texto escrito el 3 de Junio de 2016, con motivo del homenaje al comercio tradicional Vencejo de Oro por el grupo Los Otroras, en La Bañeza.