Corría el año 1929, cuando el famoso «crack» estadounidense. Félix Ramos Peñín, ante un cruce de caminos pedregosos y de tierra rojiza, tuvo que decidirse por uno. Eligió el del comercio, la venta ambulante por los pueblos que siembran los tres ríos de una comarca rica en todo. Un carro traccionado por un macho y las ganas de un rapaz de 15 años fue todo lo que tuvo para aventurarse por nuestra querida tierrina.
Fueron años duros, años que forjan el carácter. Años de la universidad más valiosa: la experiencia. El trato con los paisanos leoneses, que aprendieron todo de tropezar una y otra vez hasta dar con la fórmula, hace que a los 15 años, cualquier mozo aprenda para poder ganar el jornal. No queda otra.
Pesetas que había que gestionar lo mejor posible, y tanto es así que Félix, prefirió muchas veces dormir al raso, para ahorrar esa perrona. Algunos pensaréis que lo hizo por austero. Puede ser. Lo que es cierto, que también se ahorró el dinero que podría cobrar hoy en día un publicista por crear el mejor nombre para su comercio: EL CIELO. ¡Qué gran nombre! Y todo de la imaginación, del frío y las «pelonas» que caían encima del carro… El Cielo.
Años y años pateando los pueblos, recorriendo caminos milenarios, piedras desgastadas por las pezuñas del ganado, bajo el sol que salía por el Páramo y se ponía por Marti Tilenus, hicieron decidir a Félix de nuevo: establecerse en 1941 en La Bañeza, la ciudad mercado, y que mejor lugar que en la misma Plaza Mayor. Primero con la ayuda de alguno de sus hermanos, después sólo y más tarde con Pepina, su mujer.
Ella, Josefa Rosa Pérez Ugidos, ya conocía bien el comercio desde los 8 añines, primero con la señora Santa, subida a una caja de madera para poder atender detrás del mostrador, más tarde con otro negocio mítico de nuestra ciudad: Villasol, e incluso como vendedora ambulante por la Vía de la Plata entre las vecinas ciudades de Astorga y Benavente, viendo las miserias de la Guerra.
Del matrimonio nacieron dos hijas, Josefina y María Teresa. Fue la primera de ellas la que continuó el negocio de su padre, enseñando a Nicolás los entresijos de la compra y venta.
Entre las ideas de uno y otro, siempre apoyados por los emprendedores del comercio El Cielo, fueron
mejorando, añadiendo nuevos productos, como sombreros de paja, alpargatas y lo que demandaban los clientes. Así fue creciendo la familia de El Cielo, con un trato amable y cercano a sus clientes.
Setenta y cinco años después del primer emplazamiento físico en vega bañezana, y ochenta y siete años después de que Félix decidiera dejar el campo para aventurarse en el comercio, El Cielo,… El Cielín, continúa al pie del cañón, en una esquina a la que da nombre «donde El Cielo», donde podemos encontrar a la cuarta generación de esta familia, con Josechu, Nicolás, Félix, Raquel y Marián además de Ludi, con una sonrisa en la cara dispuestos a encontrar la mejor solución para nuestras necesidades.
Texto escrito el 3 de Junio de 2016, con motivo del homenaje al comercio tradicional Vencejo de Oro por el grupo Los Otroras, en La Bañeza.











